Yo no soy de papel, aunque a veces tenga la sensación de que me arrugo, o de que caigo al suelo ardiendo, pero sobre todo, lo peor es el martillazo que recibo cada mañana... es el despertador con sus pantalones azules y su voz ronca, creo que no podré tirarlo contra el suelo, es demasiado pesado y son las siete de la mañana.
No hay palabra para describir los primeros pasos del día, te levantas y caminas con todo el peso del mundo sobre tus hombros, ni siquiera la luz se ha querido levantar aún. Se la oye ronronear desde el generador del piso de abajo... no faltará a la fiesta de lunes por la mañana.
Lo que faltaba, la ducha petada y no voy a poder desayunar café con anís.
La garganta parece que se te estrecha, es el mismo camino, siempre el mismo camino, y el aire realmente contaminado es el que me rodea, sólo puedo respirar a través del tabaco, último bastión de libertad. Pensando como siempre a estas horas las mismas tonterías, algo como imaginar una banda mecánica en el suelo que te conduce a tu destino sin tener que andar, o que te encuentras un maletín lleno de dinero, e imaginas que apareces dentro de un mes, con una resaca de caballo en un contenedor de París, con sabor de brasileña en los labios y un tatuaje de letras chinas en el hombro izquierdo.
Llego a mi lugar y repaso mis faltas, escribo algo, esfuerzo los músculos perdido, mirando un fluorescente. Ahora prefiero imaginar desde aquí sentado que camino por una calle de mi ciudad natal... el día es tan gris y tan acogedor.
Un hombre extraño me habla en voz baja de cosas que no entiendo del todo bien, me habla del futuro, de abandonar este lugar, de una vida mejor... creo que me está ofreciendo un trabajo nuevo.

–Consideraré su oferta.
–Hay poco tiempo...
–Suena bien todo eso que me dice.
Me sonríe de una forma que nunca había visto, recoge sus papeles y se va.
Ahora camino por un pasillo nuevo, seguro que estaba en obra desde hace mucho porque nunca había pasado por aquí. La pared verde me recuerda las cortinas de mi casa.
De pronto todo es mejor y hay más luz, siento cómo hay más luz poco a poco. Me acuerdo de las cosas que realmente me han hecho feliz, las que realmente merecen la pena, me acuerdo de aquel beso en una discoteca, de aquella chica que no conocía de nada, me acuerdo de una voz sin rostro diciéndome: “porque me importas”, de mi colección de cintas, de una noche, una tranca tremenda, un amanecer en unos ojos. Es extraño lo que se puede llegar a pensar entre paredes verdes. Recuerdo el segundo poema de las flores del mal, a mi madre, cuando la hice llorar, cuando se fue... más tarde le pediré perdón. Recuerdo a Pablo dándome las gracias una vez que le ayudé, a un tío que me invitó a una cerveza, a mi gata. Es extraño lo que se puede llegar a pensar entre paredes verdes.
El hombre de la limpieza me ofrece un lugar donde descansar y un cigarrillo de Marlboro... ¡eso es! , lo realmente importante, un cigarro y descansar un rato. Incluso siendo lunes he podido sonreír... sólo he necesitado un par de recuerdos, instantes que convierten una vida en algo bello... un poco de humo y vagueo... ja, ja, ja.
–Segundo ciclo del generador... ¿correas?.
–Sí señor, todo listo.
–Coloque los electrodos, vamos a empezar.
Las luces se han apagado... que se joda el despertador, tendrá que buscarse a otro.